Durante algún tiempo, algunos años, tuve la sensación de haber perdido la fe. Toda práctica espiritual me resultaba vacía y sin sentido. Jamás dejé de creer en Dios, pero había algo que faltaba que no me era posible identificar.
Leí muchos libros, conversé con gente, tratando de encontrar esa pieza que faltaba, de llenar ese vacío.
Y encontré una respuesta cuando tuve mi primer encuentro con Amma, la santa de los abrazos, durante el Devi Bhava de junio del año pasado en Los Ángeles. Amma habló sobre la devoción, y mencionó que la devoción sin amor en el corazón resultaba vacía y monótona. Al no sentir amor, nos desconectamos de Dios.
Supe que esa experiencia era la que buscaba.
Al momento del Darshan... Profundo aroma de rosas, un hombro en el que apoyé mi cabeza, un abrazo maternal, firme y tierno a la vez, en el que me abandoné. Una mano suya acercando mi cabeza a su corazón... Su voz en mi oído susurrando "mi hija, mi hija..." una y otra vez... Una sensación de apertura... ganas de llorar... su beso en mi mejilla. Gestos sencillos en la forma. E indescriptible esencia en el fondo.
Esa ha sido hasta ahora mi experiencia más completa de devoción.
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